NADA POR AQUÍ
Nada por aquí, nada por allá. Solo tu cuerpo al sol, con los ojos cerrados y, si acasola risa de un niño cercano.
Nada por aquí, nada por allá. Solo tu cuerpo al sol, con los ojos cerrados y, si acaso
el rumor de unas olas cercanas.
Nada por aquí, nada por allá. Solo tu cuerpo al sol, con los ojos cerrados y, si acaso
el graznido de un ave marina cercana.
Nada por aquí, nada por allá. Solo tu cuerpo al sol, con los ojos cerrados y, si acaso
los ecos de un valle cercano.
Nada por aquí, nada por allá. Solo tu cuerpo al sol, con los ojos cerrados y, si acaso
el Universo entrando dentro de ti.






















Arroyos donde descansar los piés después de una excursión de tres horas. Aguas transparentes y libélulas del seis colores. Silencio si quieres contemplar o risas si te quieres comunicar.
El canal. La marisma está conectada al mar. Es delicioso dejarse llevar por la corriente que evacúa la marea baja hacia el mar. Dejarse llevar por un torbellino de aguas que acabarán en la playa con solo 30 centímetros de profundidad. Pero mientras tanto sentirás el vértigo de un asustado náufrago arrastrado por corrientes cómicamente peligrosas.

