miércoles, 23 de enero de 2008

Baldaio para principiantes - 13
PADRE

Viniste conmigo para la última pesca. A duras penas te enterabas donde tantas veces habias estado conmigo haciendo grandes capturas. Te sentía feliz pero ausente aunque no inhabilitado para montar tu caña y, aunque te liaste en encordar la tanza y ensartar el hilo y poner el anzuelo se notaba que recordabas los ritos de la pesca. Estaba el mar fuerte como nos gustaba y pusimos plomos de 200 gramos y empatamos los anzuelos con carne de vísceras de pulpo. Yo lanzé la caña por ti, ya sabía de tus limitaciones físicas. Con tu gorra de marinero y atendiendo el sedal sentí que eras el de siempre. Me engañaba pero esa mentira me hacía sentir muy bien. Baldaio te iluminaba la cara mientras te miraba desde veinte metros… yo tambien por supuesto intentando pescar. No pescaste nada pero yo sí: Esa imagen que me consolará toda mi vida.
Baldaio para principiantes - 12
CORREDOIRAS

Hace siglos, sobre el valle de Baldaio calló una tela de araña de caminos que llevaban a todas partes. Con el tiempo esa tela de araña fue afianzándose en el territorio y hoy se nos ofrece a tu deleite de descubrir rincones, caminos y paisajes.
Puedes hacer dos clases de excursiones: La que basa tu ritmo en el tiempo que dispones o la que lo basa en lograr tu objetivo.
Lo que Baldaio permite, dentro de su geografía, es que cambies el objetivo en cualquier momento.
Lo que iba a ser el alcance de una cumbre se tranforma en un largo diálogo con un campesino o el disfrute de unas piedras centenarias iluminadas por el sol del atardecer.
Baldadio te permite cambiar de planes en cada momento y el tejido de sus caminos permiten la rectificación inmediata de acuerdo con tu sensualidad caprichosa.
Si a veces llueve en Baldaio, lo que te está proponiendo es que visites sus corredoiras cuando nadie está en ellas. La humedad eleva los aromas, la lluvia te hace sentir explorador esforzado y al final, si no un rayo de sol vibrante, te espera un buen vaso de albariño que viene a ser lo mismo: El sol condensado en un aroma.
Baldaio para principiantes - 12
NOCHES CÁLIDAS

Tus codos apoyados en la arena, el cuerpo estirado y las piernas dobladas mientras vamos de confidencias y miramos las puntas de las cañas que se mueven al ritmo de las olas.
Vemos pasar aviones y algún satélite mientras el mar se va desperezando comenzando la subida de su marea.
Los planetas y las estrellas titilan mientras vamos hablando. Y es posible ver las sombras de dos delfines haciendo el cortejo saltando sobre el mar. Te lo deseo.
No hace frío, el aire está quieto y ya no hay que preocuparse por pisar galletas de petróleo.

Son las dos de la madrugada. El monótono murmullo de las olas tranquilas nos arrulla y hace que nuestras voces sean tranquilas y acogedoras. De pronto, tu caña cae al suelo, no estaba bien clavada o la pieza es enorme. “Cógela”, te digo y tal como te enseñé por la tarde, comienzas a retrocer pasos y sientes la excitante vibración de un ser que hasta ese momento era libre. Entonces con cierto nerviosismo para ti desconocido, te aturullas al recoger el sedal. Ya estoy a tu lado y te ayudo. Cuando ves en la arena ese animal plateado sientes dentro de ti una gran contradición: La de la persona sensible y la del cazador que se ha ganado su sustento.
Baldaio para principiantes - 11
SANTA IRENE
En la cota 158 al sur de Baldaio, al lado contrario del que vivirás en la marisma, hay una hermita sencilla y cerrada pero el atrio y el cesped que tiene delante te ofrecen una imagen de Baldaio cual si fuese todo él un belen.
Un paseo lleno de pastizales, ganado y rincones de agua inesperada.
Una excursión que merece llevar las mochilas llenas de mejillones hervidos, un pan gallego de los buenos y tres botellas de albariño.
La belleza del paisaje puede alienar tu mente y provocar debacles estéticas para toda la vida.
Extenderás un mantel en las piedras del atrio y merendaremos los mejillones tan llenos como las arcas de un banco. Pan y vino. Charla y chistes, y si la lluvia se presenta la recibieremos como el aviso de que nada en esta vida es perfecto.
Mientras tanto podremos ver resurgiendo sobre los árboles el camping donde estás viviendo y la laguna cambiante de Baldadio.
Al acabar volveremos a casa por el mismo camino y sentirás que reconoces esa casa amarilla, nuestra cabaña en el paraíso.
Baldaio para principiantes - 10
MPRESIONISTAS ANTES DE LA CENA

Vas de paseo. Después de un día lleno de emociones estéticas y placeres sensuales caminas hablando entre nostros por el sendero que nos lleva a “La duna inmóvil” y mientras lo hacemos nuestra estrella madre pinta en el horizonte un cuadro con la ayuda de algunas nubes.

Los matices cambian, la lujuria de la vista te fascina con las cortinas de colores que crea el ocaso. Una bomba de vida, una tremenda explosión atómica y lenta, se sumerge en el mar mientras pinta el cielo con colores entre los cuales serás afortunado si logras ver el verde.

Mientras centenares quizá miles de gaviotas, cubren el cielo en busca de sus rincones para dormir en las islas, la noche educadamente se aproxima silenciosa. Es una tarde cualquiera que echarás de menos en la vuelta a la gran ciudad cuando desparrames tus conchas y tus piedras sobre la impoluta mesa de la cocina.

Un maravilloso aperitivo estético para la cena y las cartas que nos esperan. Llueve.
Baldaio para principiantes - 09
LA MAR Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
La mer, la mer, toujours recommencée
O récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux!

(PAUL VALERY - Primera estrofa de Cimetière Marin)

Baldaio para principiantes - 08
LAS POZAS

La marea baja es como el sueño del mar. El mar se retira a descansar y deja de hacer barullo con sus olas; está durmiendo y como en todo sueño quedan restos de la actividad diaría que si somos silenciosos y pacientes, podremos observar. Se trata de la vida residual que queda en las grandes o pequeñas pozas que en la torturada costa norte de Baldaio existen.
Las pozas de Baldaio son el inconsciente del mar. Basta que te acerques a una de ellas y te quedes quieto. Allí donde nada verías si pasases apresuradamente, comenzarás a ver las pequeñas criaturas de variedad infinita que sustentan el primer escalón de la vida marina: Unas quisquillas que otean las aguas a ver que se cae; unos alevines de sargo ya con su nota de color negro en la cola; una estrella de mar siniestra que se mueve letalmente buscando un bivalvo que digerir y el Sol haciendo luces de aguas en el fondo de la poza. Mientras filosofas y observas lo que no verías si no te hubieras detenido, de repente un niño riendo salta en la poza y chapotea como el rey de la creación y te exige su realidad. Vida.
Baldaio para principiantes - 07
12º Celsius Arroyos donde descansar los piés después de una excursión de tres horas. Aguas transparentes y libélulas del seis colores. Silencio si quieres contemplar o risas si te quieres comunicar.
Baldaio para principiantes - 06
18º CelsiusEl canal. La marisma está conectada al mar. Es delicioso dejarse llevar por la corriente que evacúa la marea baja hacia el mar. Dejarse llevar por un torbellino de aguas que acabarán en la playa con solo 30 centímetros de profundidad. Pero mientras tanto sentirás el vértigo de un asustado náufrago arrastrado por corrientes cómicamente peligrosas.
Baldaio para principiantes - 05
14º CelsiusMar abierto. Olas, espuma fria, revolcones y una agitación del cuerpo que protesta durante el primer chapuzón pero te invita a dialogar entre tu cuerpo y el mar. Al cabo de cinco minutos, por mucho que nades y te esfuerces, el mar te dirá: “Anda vete”. Y llegas a la orilla absolutamente apresurado buscando una toalla. Relajado.


21º CelsiusMarisma. Tranquilidad, reposo, risas de niños, aves a tu alrededor, agua caliente casi sin sal, límpida y acogedora. Goza del fluido materno del mar. Ves jóvenes en parapente y el gran verdor del valle de Baldaillo. Y oyes las voces de tus amigos que se acercan por el puente de las esclusas y te saludan desde lejos. El Sol te dora y los peces se acercan a limpiarte las pieles muertas de tus piernas.