domingo, 12 de julio de 2009

POÉTICA DE BOLSILLO
OLVIDÓ DECIR PABLO
Voy a enamorarte con el diapasón de mi lengua,
reptando por la geografía de tu cuerpo,
siguiendo la ruta olorosa marcada por tu deseo.

Despertaré en ti el primitivo lenguaje que aprendimos
mientras cedian las puertas de la inocencia,
al tiempo que mis dedos buscaban el modo
de ofrecer a tu apetito, mil frutos ignorados.

El columbario de los olvidos muertos
se altera en revuelo de palomas asustadas
al oirte gemir mientras me deslizo
en un intento ancestral de intercambio
de pieles, zumos y de aromas.

Me enrosco al arbol de tu cuerpo,
los poros de mi piel y la tuya emparejados,
vencida la sima más preciada te doy un beso,
te enveneno con aquel viejo sabor
de la primera manzana de la infancia.

domingo, 5 de julio de 2009

POÉTICA DE BOLSILLO
AGUAS LIMPIAS
Cuando el agua corre transparente
después de estar un tiempo estancancada
se van los sinuosos reptiles,
se van los malos aromas de podridas retamas
ahogadas por las miasmas de un vapor envenenado.
Entonces retornan los alegres pájaros,
las marmotas fabriles haciendo pantanos
que dejan correr el agua suficiente medida y calculada
para ser agua transparente donde retozar y construir.

Ya no será igual que antes
pués las aguas erosionan el terreno
pero es mucho mejor que corran
cantarinas en un nueva forma del rio.

El rio que es agua y lecho
Somos a veces agua y otras sustento.
El agua que llevamos dentro
simpatiza con ese rio en movimiento
ya que animales somos de agua contituidos
en un sesenta y cinco por ciento
y nos alegra su contento.

Vuelven las aguas a moverse
reflejando sobre el fondo del río
los rayos de un sol naciente
que ilumina los pececillos.

Pececillos que son nuestros deseos,
inquietos, ávidos de alimento
pero que ahora no se dejarán atrapar
por la mosca artificial
de un deseo fraudulento.

Canta el rio y su eco
hace muy confortable
el lecho de yerbas de la ribera
donde, en un futuro muy lejano,
desearía verme muerto.

A tu lado cerca del mar o de un rio
nunca de aguas quietas
nunca perezosas y estancadas
como en los maleficios
de ranas y de princesas
que esperan aternamente
el beso mágico prometido
por sacerdotes ignorantes del amor
compromisarios de la imaginación
de la libetad maligna y del deseo egoista.

Hoy me ha invitado al cine mi amada
y se rompieron las exclusas de madera y basura
que las recientes tormentas
habian casi consolidado.

Hoy las aguas corren sobre un cauce modificado
pero corren cantarinas cobrando viejos significados
POÉTICA DE BOLSILLO
REINVIDICACIÓN DEL LLANTO
¿Quién puede asegurar que el llanto de un niño
es diferente al de un hombre?
Las fuentes del llanto infantil se pueden cegar
con amor y el amor es alimento. ¿Acaso el de los hombres no?
Los llantos del hombre pueden ser tan agudos
como los de un niño que tiene hambre.

Hambre es la palabra que alimenta todo llanto.

Hambre. En eso se resume toda pena.

Llora niño, llora hombre si tienes hambre
porque la única posibilidad que tienes
de obtener lo que te aplacaría el llanto
será el ser debidamente escuchado.

Llora hasta la desesperación
aunque te des vergüenza a ti mismo y si eres hombre
aprende del niño que llora sin culpa sin vergüenza
solo y nada menos que por apetito.

Tienes derecho a ser alimentado y si tienes hambre
llora para que alguien te mire y vea tu necesidad
y ponga en tu boca el alimento imprescindible.

LLora, grita, suplica, patalea,
que de todos los que te escuchen
alguien acudirá a saciarte
en un milagro de vida
que sostiene nuestra especie
cuyo destino es llorar
si la privan de lo más elemental.

El alimento que te den hará que crezcas entre nosotros,
sano, robusto, entregado y generoso
porque aprendiste a dar cuando te dieron
el alimento del amor verdadero
que tanto necesitabas.

Y, por favor ¡Deja de llorar que ya tienes nuestro amor!
PALAMEDES SOUSA
PALAMEDES SOUSA EN SU ANIVERSARIO DE 2021
El setentatrigésimotres aniversario de Palamedes Sousa le pilló desprevenido,
otra vez un nueve de Septiembre,
y entre la melancolía y la percepción de que su mundo ya se había desvanecido
decidió ponerse en movimiento. De sus amigos le había quedado la impronta
de nunca quedarse quieto aunque las fuerzas pareciesen fallar.

"Mejor la calle que la cama" recordaba que le dijeron todos y el último de ellos.

La diferencia con sus ausentes era precisamente eso, el movimiento,
así que se puso el traje antibacteriano de neopreno, su mochila social de sustento
donde refulgían con diversos colores las pastillas de alimentos.
Cubrió su cara con una mascarilla de último modelo
que había comprado por neocom firmando pagos sin descuento.

Subió lentamente aquella montaña cerca de su habitáculo desde donde podía percibir
las ruinas de su barrio, las ventanas abiertas a los cuatro vientos
donde habian habitado las almas y los cuerpos de quienes le habian precedido
en el conocimiento de los dolores y soledades de los que los humanos hacen intercambio,
siendo su memoria sin embargo generosa con los buenos y los malos.

Recordaba aquella montaña fresca, cuidada, llena de gente diferente
donde se podían leer sobre la yerba fresca las noticias en las cuales nadie veía
el perfil de las sombras del presente.

Siguió subiendo hasta llegar a contemplar el mar marrón y el
sol rojo oscuro permanente, hizo su último banquete
de alimentos sintetizados en granjas de todo el orbe y siete tragos de gloquinol
que le ayudaron a moverse en la dirección en la que todos estamos destinamos a ser movidos o moverse.

Se deshizo del traje, de la mascarilla y minutos después desnudo, antes de desvanecerse
sobre las nuevas poseidoneas terrestes se dijo: "Ha sido suficiente".

lunes, 9 de marzo de 2009

PALAMEDES SOUSA
Palamedes y la soledad
La relación de Palamedes Sousa con la soledad viene de antíguo;
cuando era más joven que no más niño
tenía sus primeros encuentros con la soledad en la deslumbrante terraza
de la azotea de la casa que sus padres alquilaban en Marruecos.

De tarde en tarde la família Al Filali invitaba al niño
con dubitativo consentimiento de sus padres entre una secreta repulsión colonialista
y la certeza de que la negativa iría en contra de sus intererses de inquilinos.

Así pues el niño jugaba con sus hijos, comía con ellos e incluso se ponía las
vestimentas acostumbradas de su tradición. Una tarde mora para un niño rubio.
Quedan testimomios fotográficos vestidito de moro
con un grupo de niños más famélicos y más morenos que él.
Palamedes Sousa aun hoy siente un ligero escalofrío
al ver los ojos de los moritos perforados
por lo que hubiera parecido maravilla de las palabras, un Al Filer.

Las demás tardes el niño Palamedes Sousa jugaba solo
en la terraza. Silencio, calor, sol, sombra y dentro de la casa
una penumbra atractiva, un terreno vedado, una puerta cerrada,
una urgencia intensa y loca de saber de su madre.

La sensación de pérdida que le produjo la desaparición, desierto adelante,
del avión de papel que su padre le había hecho, provocó en Palamedes Sousa
el impulso de buscar consuelo en la penumbra, en la zona prohibida.
Serian las 3 de una tarde africana y el fresco del comedor fué una delicia
que le llenó de valor y se dirigió a la puerta cerrada y empujó.

Estaba cerrada así que su deseo aumentó y cogió una banqueta.
Subiéndose a ella miró por la cerradura pero inmediatamente
cayó al suelo. El constructor de aviones de papel
había abierto la puerta y ya lo tenia en sus brazos
preguntándole lo que le había pasado.

Ahora Palamedes Sousa estaba feliz pués papá no se había enfadado.
Jugaba en la terraza con el barco de papel que le había fabricado,
entre trozos de hielo de la gran barra que había en la oscuridad del lavabo,
flotando en un barreño lleno de agua.

Pensando que diferencia habría entre el flotar
del hielo y la del barco.

Sol, sudor, silencio, soledad.

lunes, 22 de septiembre de 2008

PALAMEDES SOUSA
Palamedes y el tiempo
Palamedes Sousa volvió a mirar su reloj. No podía ser ya eran las diez ya habría comenzado el acto. Sentía que el tiempo no había transcurrido tan deprisa como le indicaba el reloj y una nubecilla de desconfianza ensombreció su rostro mientras lo guardaba en el bolsillo del chaleco. Hacía tan solo un rato un momento, marcaba las nueve y ventisiete minutos. Puso su mente a cavilar con suma dedicación en lo que había hecho esa mañana.

Acababa de vestirse para ir a la presentación del nuevo libro de un amigo, antes se había entretenido un poco en su aseo personal sí, pero tan solo un poco. También había respondido amablemente al vendedor telefónico que fracasó en su intento de hacerle una demostración doméstica de un aparato... No recordaba que era si un colchón neumático o hidráulico no recordaba. Hay que ver a que horas llaman esos perturbadores se dijo Palamedes Sousa dejando fluir sus pensamientos hacia el pasado inmediato.

Salió de su ensimismamiento y dirijiéndose a la cocina contrastó la hora con el reloj de pared. Las diez y veinte. Estaba claro que aquella mañana los relojes se habían confabulado para obligarle a darse prisa. Ya conocía el juego: El reloj te marca el tiempo y tú te mueves a donde debes estar. Si por algo se había jubilado era por abandonar tan estúpido jueguecito.

Cogió el libro de su amigo que había llegado junto con la invitación, se quitó la chaqueta y sentándose en el sofá del comedor comenzó a leer el primer poema.

El sonido del teléfono le despertó "Paso a recogerte" dijo la voz "estate preparado que vamos con el tiempo justo". Solo había sido un sueño.

Palamedes Sousa se puso mecánicamente la chaqueta y palideció al verse elegantemente vestido en el gran espejo del comedor. Nerviosamente abrió su reloj que marcaba las diez menos diez...

domingo, 29 de junio de 2008

PALAMEDES SOUSA
Palamedes y el silencio
Palamedes Sousa no era un entusiasta del silencio ni siquiera aficionado. Es que por ejemplo a mí la pintura no me dice nada y menos los bodegones dicen que decía. Venga Palamedes no será para tanto seguro que algún cuadro te gustará pues no eres un patán apuntó alguien mientras el humo de los puros empujado por el tintineo de las cucharillas silente ascendía.

El vacío creado por la ausencia de su apellido le producía un horror telúrico. Se está perdiendo la educación Palamedes, concediéndose el privilegio de nominarse por lo corto.

Bueno sí algunos de los gritos de Munch. Parece que quieran decir algo, concedía ya menguada su ira.

Sentía especial ternura por los perros cuando con sus ojos desesperados y la jadeante boca abierta parecen querer decirnos algo. Algo importante como el tipo ese del cuadro. Quizá sea algo que la humanidad necesita saber urgentemente y ellos lo sepan, se decía Palamedes Sousa.

Fue mucho más tarde cuando Palamedes Sousa reconocería ese momento como el instante en que el Silencio se giró hacia él y ya nada sería igual entre los dos.

martes, 25 de marzo de 2008

PALAMEDES SOUSA
El fin de Palamedes
Palamedes Sousa creyó que su fin estaba cerca cuando comprobó que la uña del dedo gordo de su pié izquierdo comenzaba a crecer nacarada por la raíz.

Por lo que su memoria alcanzaba, esa uña siempre había tenido la apariencia de una almeja. Ahora, los hongos que le habían acompañado en aquella lejana frontera del cuerpo, la abandonaban. Se retiraban ordenadamente.

“Las ratas abandonan el barco”se dijo. "Supersticiones" concluyó.

Palamedes miraba satisfecho la uña sobre todo cuando la podaba. Pronto llegaría el momento en el que no tendría que avergonzarse de ella.

Enterraron a Palamedes cuatro meses más tarde. En el tanatorio su nieta preguntó: “¿Mamá por qué el abuelo está al revés en el ataúd?”

sábado, 8 de marzo de 2008

LARACHE VIII - 1951
MORITO
(Foto de ese día pendiente de colgar porque la tengo en A Coruña)
Al Filali era el patrón de la vivienda que alquilaban a mis padres, la relación era cordial a pesar de las distancias coloniales que habian. Mi madre, tenía muy presente su "superioridad", pero se comportaba amablemente con las esposas de Al Filali.
A veces cosian juntas y se enseñaban artes domésticas.
Por mi parte yo, como niño solitario que era disfrutaba mucho con la compañía de los hijos de aquella familia. Hoy tendrán mi edad y me gustaria saludarlos.

Un dia me vistieron de moro y me hicieron esta fotografía. Me divertía y era feliz.

Lo que no sé es cuando pero si por qué un dia cogí la foto y taladré los ojos de todos nosotros en la foto. Supongo que ese día me dí cuenta que nunca volveríamos a estar juntos y ser tan felices.
LARACHE VII - 1951
LECCIONES DE AERONÁUTICA
Durante unos diás, supongo que por las tardes, mi padre me enseñó a hacer aviones de papel.
Los lanzaba por la casa y yo maravillado veía como se sostenian en el aire. Mi padre incluso creo que intentó que comprendiera por qué pasaba pero yo estaba muy distraido con la pura alucinación de ver como volaban aquellos avioncitos de papel. Los tirábamos y caian cerca, los volvíamos a coger y repetíamos la maravilla.


Una tarde que estaba solo en la terraza se me ocurrió construir un avión de papel. Al poco rato tenía una hoja blanca y obtenia el avión que por primera vez lo hice solo. Lo lancé sobre el murete de la terraza y su vuelo era dulce y constante, permanente en el aire cálido de Marruecos.
Miré sus gracias volanderas durante un minuto y al poco desapareció de mi vista.

Esperé y esperé y al final saqué la consecuencia de que mi padre no dominaba tanto la aeronáutica como yo pensaba. ¿como es que no volvía?

El avión nunca volvió.