lunes, 5 de diciembre de 2011

MUSA QUE ABUSA

¿Quién me iba a decir a mí
que me ibas a sacar de la cama
a altas horas de la madrugada
llenándome del deber de escribir
tontas ideas versificadas?.

A mi edad, siendo perito en nada,
te aprovechas de mi insomnio
cuando busco tan solo el sueño
en mi cama y tirando de mi mano
me levantas inyectándome
la sed de decir estas palabras.

Aquí me tienes copiando,
como albacea de tu legado,
la herencia que otorgas a la gente
a través de un sonámbulo,
esta inspiración inusitada
con la cual me has embargado.

Esas palabras son tuyas
y tú tendrás que responder
por privarme del sueño
y de como estaré mañana.

viernes, 2 de diciembre de 2011

ERÓTICA DE LA POESIA

Cuando la musa se presenta
exige lo máximo, no te da respiro,
no deja que te despistes en otras aficiones.

Mi musa Urania es celosa y me suelta unas collejas monumentales
si mi mente navega fuera de lo que ella propone: Astronomía y poesía didáctica.

He de reconocer que ambos dos temas me atraen y habría de serles fiel.

Esta noche, sin embargo, quiero proclamar mi entrega a Urania para ver si así,
con esa manifestación pública se distrae un poco, se relaja
y me deja tranquilo pues ya estoy hasta aquí mismo de hacer versitos
porque ella me lo exija. !Quiero descansar, no puedo más¡
PESCA

Se diría que la noche era estrellada
y en las primeras rocas el agua del mar se escurría
mientras el frío iba subiendo por mis piernas
y mis dedos casi no acertaban a formar los nudos
del anzuelo que anclaba a mi esperanza.

Lluvia, frío, pasión, noche oscura, rumor del mar,
rocas peligrosas, horizonte en fuga, olas irregulares,
caña, plomo y cebo !Ahora!

Esperar, esperar, tensar la caña, sentir el fondo del mar
lamerse las gotas de lluvia, encender un pitillo en plena borrasca,
tensar, tensar, sentir la marea en la punta de la caña,
el ir y venir de las algas tirando engañosamente
mientras el anzuelo se pregunta que hace allí
con una funda de carne en el fondo del mar..

A quince metros sobre el mar bronco,
salpimentado de espuma blanca
me tenéis con los pies mojados bien fijos
sobre una roca que retiene el empuje de las olas
a las dos de la madrugada.

Pasan los astros, pasan las horas y pasan
aviones, satélites y pensamientos decantados
en el barreño del olvido donde residirán
los restos de lo que hemos sido.

Llegan las olas unas tras morir en las rocas
mientras las demás lo hacen en la playa
con menos teatro y más elegancia.

Un telegrama. En la caña un telegrama
de agitadas pulsiones, mi corazón se acompasa
con esa llamada y siento en mis manos
el destino de una belleza que he de capturar.

Miro a la Luna y calculo que son las cinco de la madrugada
la caña se dobla vibrando como un junco en la tormenta
y tiro tiro suavemente del sedal mientras lo voy enrollando.

Pienso en los míos, en el orgullo de una buena caza,
algo muy primitivo me embarga y sigo tirando.
Entre la espuma del las olas del mar bronco
un pentágono blanco, un mosntruo marino,
ofrece a la luz de la Luna su vientre blanco
mientras las olas intentan arrebatármelo

jueves, 1 de diciembre de 2011

EL BRULL - 1979

Otoño se apagaba como es costumbre
y fuimos a veros entre hojas muertas
y senderos rumorosos, lejos del murmullo
de aquella lluvia que no paraba de caer
sobre aquella tierra Occidental;
ninguno de los dos deseaba
ser acogido en ella definitivamente.

Allí estabais entre castañas
que caían en la carretera,
entre colores más bonitos que el verde.
Allí, vosotros, nuestros amigos
de los que nos habíamos alejado,
nos recogísteis.

En un mundo tan diferente, tan azul
y contrario al gris del nuestro
al que que no conseguíamos acostumbrarnos
ni siquiera con el olor de los magnolios
que decoraban nuestra cárcel, aquella ciudad,
allí, en otro mar ¿Como decirlo sin contradecirse?,
más dulce y salado, os volvimos a encontrar.

En términos de vida no fue una ausencia larga
pero en lo tocante al sentimiento
llegó a ser insoportable la profundidad
de aquella distancia
y cuando nació Iris decidimos volver
porque supimos que para ella y nosotros
era imprescindible vuestra proximidad.

Por eso aquella noche en el Brull
puse mi cabeza en tu regazo
mientras oía charlar a los amigos
y las olas de tu vientre,
interpretando una calma infinita,
me enseñaron una música
que todavía perdura en mi conciencia.

Volviendo, acertamos.

martes, 29 de noviembre de 2011

CACERÍA

Es la hora de la noche cuando toda la floresta se agita con rumores de los ratoncitos escondiéndose al oír la batida de las alas del Duc que está volando con las garras de sus versos bien abiertas.

En el bosque se sabe que ese búho viejo siempre falla en sus vuelos y acaba desplumándose, por ejemplo, contra una encina a la sombra de una luna indiferente pero todos hacían la comedia de esconderse en sus cavernas como si en ello les fuese la vida.

“Eso de escaparnos corriendo hacia la cueva lo hacemos para que no se sienta ofendido”, le dice un ratón viejo a su nieto y prosigue, “No te la vas a creer pero se alimenta de los frutos de un árbol”.

El Duc volvió a su rama mientras la luna seguía mirando para otro lado y se despachó un madroño con suma delicia.
COMER ANTES DE LOS DIECISEIS AÑOS

Tengo hambre y nada me apetece,
ni siquiera tengo sed de agua
ni de vino lo cual es más raro.

Imagino alimentos que me
estimulen las glándulas salivares
y no acierto con ninguno.

A todo lo que imagino que me gustaría
le falta el escenario de los primeros
tiempos:

La asquerosa merluza en salsa verde
del comedor del cuartel de mi padre
y sus gritos por no comérmela.

El bacalao con garbanzos
que comíamos casi cada tres días
en la cocina de Santa Cecília.

Las empanadas de anguilas
en el comedor de mi abuela en el Inferniño,
me espantaban pues las había visto vivas.

El caldo gallego con las orejas
de un cerdo que había tenido nombre
en casa de mi madrina en Fajardo, me hacía sentir culpable.

Los callos llenando con su olor
toda la casa, se presentaban a la mesa de Coruña.
Los había olido toda la tarde y no podía más.

Los babosos mejillones cogidos por mi padrino
en el puente de la ría de Neda
me hacían vomitar.

Los pollos que en un caldero con agua caliente
mi tío desplumaba en Doniños
me quitaban el apetito para la cena de Navidad.

Y tantos otros alimentos
que no me gustaban pero
más tarde probé, solo y con dieciséis años...
la inolvidable ensaladilla rusa
del bar de la calle de la catedral
de Valladolid, el sabor de la libertad.
LO REAL

Sé que hay algo ahí fuera,
algo que nos afecta
y que no comprendemos,
perceptible por algún sentido
que no es ninguno de los cinco
con los que la naturaleza
nos ha dotado.

Hay algo que nos ignora,
que tiene la crueldad como divisa,
cuya característica es ignorarnos.

Levanto mi voz en la Nada
y declaro mi fin como humano
que vive y contempla
las formas del Universo
y, si tengo que morir,
moriré arrobado
por todo lo que está
fuera del alcance
de mi intelecto y que mi intuición sospecha:

Todo lo que ocurre es necesario
para que el Universo tenga sentido.
SOLILOQUIO SIN LA MUSA

Tiene sentido mi enfado
al saber que repasas mis versos
con displicencia cortesana,
incapaz de emocionarte,
pues desde el primero hasta el último
los escribí para ti y tan solo dices:
Sigue trabajando.

Cuando cazo una idea pura, escurridiza,
limpia, inocente, bella ,
soy tan primitivo como aquellos
que llevaban el corzo muerto
a la puerta de la caverna.

Si mis versos dieran pié
a largas conversaciones
los cocinaríamos a fuego suave
gozando de su posible gracia,
apagando con nuestras risas
las lámparas del alba y el ocaso.

No tiene sentido mi enfado,
ya no estás a mi lado.
CALLEJEANDO CON ARISTÓTELES

¿Cuando el mundo comenzó a interesarse en mí?
Cuando hacías siempre lo que querías.

¿Cuando descubrió que era una amenaza?
Cuando supo que tu risa era contagiosa.

¿Cuando los placeres de vivir fueron derogados?
Cuando percibiste el presente, el futuro y el pasado.

¿Cuando perdí la inocencia?
Cuando obedeciste la primera orden.

¿Cuando apareció la culpa desbaratándolo todo?
Cuando comenzaste a ejercitar la memoria.

¿Cuando entró la infelicidad en mí?
Cuando quisiste ser otro en vez de tu mismo

¿Cuando se acabará todo esto?
Cuando dejes de pasear.
PASEO

Salgo de mi y siento el aire
que limpia las miasmas que llevo
y me dice tu olor que has pasado cerca.

Percibo el remolino de tu existencia
y me dedico a buscar aquella calle,
para recordarte.

Vuelvo al portal de tu casa,
¡que dulce tormento!,
donde todavía flotan
los besos que nos dimos,
para dejarte en el buzón
estos versos anónimos
escritos mientras paseaba
y que ni siquiera sabrás
quién te los entrega,
o acaso sí, lo adivinas
y te apetece bajar al portal
con ellos en tus manos.