RETABLO DE LA INOCENCIA
Ni un anciano con su paloma es suficiente
para hacerme creer en el hijo de una adúltera
que pretendió engañarnos a todos con su buen rollo
mientras a su alrededor ocurrían cosas más importantes
que una borrachera en una boda o una siesta en la montaña.
Ni un barbudo violento y pederasta, pastor de doce mujeres,
podrá taparme la boca como hizo que se las taparan
aquellas que intentaron probar ante sus semejantes
el enorme engaño de su ano-profética conducta
humillando para siempre a nuestras hermanas.
Ni siquiera aquellos que siguen esperando
lo que a todas luces ya ha ocurrido
podrán convencerme de la bondad humana
y mucho menos de la divina viendo
los muros que levantan con sus delirios.
No confiéis en que siga creyendo en la bondad humana
porque lo tenéis crudo. Como mucho creeré,
en la bondad de algún individuo, tomado de uno en uno,
con la bondad del polvo, con la bondad de la nada
que dijo aquel despistado poeta sin mirarla a fondo.
Fundamentando vuestros proyectos sobre los cimientos
de mi silencio, crecéis como la hierba mala crece
arrebatando todos los nutrientes del suelo,
convirtiendo mi vida en un desierto cuya noche
se llena de aullidos interminables de protesta.
lunes, 14 de mayo de 2012
PALAMEDES SOUSA Y LA NOCHE
Palamedes Sousa se acicala antes de ir a la cama.
Su leonina cabellera blanca requiere un peinado
para espantar todas las ideas cotidianas y dejar
las dudas bien apaisadas sobre su cráneo.
Sin su chaleco, sin los tirantes, sin ni siquiera sus pantalones
Palamedes Sousa embutido en una bata gris,
se prepara para el sueño como lo haría un consejero de una gran sociedad
antes de rendir cuentas de su gestión.
Y es que para Palamedes Sousa el sueño es importante,
es el territorio donde se desgranan su temores, sus ansias,
donde puede advertir las alarmas que le avisan de sus errores.
Palamedes Sousa si se acuesta medianamente feliz
lo hace con su cuerpo girado a la derecha
intentando que su oreja no le transmita el latido de su corazón.
Si, por el contrario, está inquieto, Palamedes Sousa
se acuesta boca abajo como un náufrago, tapándose la cara
y dejando un orificio para respirar. No suele darle resultado
y tendrá que simular que se siente bien y acordar con su cuerpo
la mejor posición en la que no oiga el tam tam de su corazón.
Por si acaso la noche se presenta revoltosa
Palamedes Sousa tiene alguna lectura al alcance de su mano.
En estos días está leyendo cosas antiguas que ha ido encontrando:
Cartujas de Parma, Episodios más o menos Nacionales y cosas así,
cosas viejas puesto que nuestro amigo también ya lo es un poco.
A medida que envejece Palamedes Sousa evoca tiempos antiguos
maravillándose de que el mundo haya evolucionado tan poco
y siente la sensación de estar, como un ratoncillo blanco,
en una rueda circular que no le lleva a ningún lado.
El sueño va apoderándose de nuestro amigo y su respiración ya es pausada.
Lo vemos en su dormitorio donde todas las prendas están
perfectamente ordenadas sobre una silla y un galán de noche
que atienden su descanso con el respeto de fieles lacayos.
Sabemos que Palamedes Sousa debería adelgazar
pero si quizá fuese bueno para su salud
¿Donde iría nuestra imaginación sin ese orondo vientre?
¿Sin ese cabello de león abrillantado?
¿Sin esos tirantes escandalósamente anchos?
¿Sin sus pasos de patriarca sereno reinando por las calles de su barrio?
Estas son las ideas que hacen pórtico a su sueño.
Dejemos dormir a Palamedes Sousa
y vayamos nosotros también a la “petit mort”
del descaso que nos espera.
Palamedes Sousa se acicala antes de ir a la cama.
Su leonina cabellera blanca requiere un peinado
para espantar todas las ideas cotidianas y dejar
las dudas bien apaisadas sobre su cráneo.
Sin su chaleco, sin los tirantes, sin ni siquiera sus pantalones
Palamedes Sousa embutido en una bata gris,
se prepara para el sueño como lo haría un consejero de una gran sociedad
antes de rendir cuentas de su gestión.
Y es que para Palamedes Sousa el sueño es importante,
es el territorio donde se desgranan su temores, sus ansias,
donde puede advertir las alarmas que le avisan de sus errores.
Palamedes Sousa si se acuesta medianamente feliz
lo hace con su cuerpo girado a la derecha
intentando que su oreja no le transmita el latido de su corazón.
Si, por el contrario, está inquieto, Palamedes Sousa
se acuesta boca abajo como un náufrago, tapándose la cara
y dejando un orificio para respirar. No suele darle resultado
y tendrá que simular que se siente bien y acordar con su cuerpo
la mejor posición en la que no oiga el tam tam de su corazón.
Por si acaso la noche se presenta revoltosa
Palamedes Sousa tiene alguna lectura al alcance de su mano.
En estos días está leyendo cosas antiguas que ha ido encontrando:
Cartujas de Parma, Episodios más o menos Nacionales y cosas así,
cosas viejas puesto que nuestro amigo también ya lo es un poco.
A medida que envejece Palamedes Sousa evoca tiempos antiguos
maravillándose de que el mundo haya evolucionado tan poco
y siente la sensación de estar, como un ratoncillo blanco,
en una rueda circular que no le lleva a ningún lado.
El sueño va apoderándose de nuestro amigo y su respiración ya es pausada.
Lo vemos en su dormitorio donde todas las prendas están
perfectamente ordenadas sobre una silla y un galán de noche
que atienden su descanso con el respeto de fieles lacayos.
Sabemos que Palamedes Sousa debería adelgazar
pero si quizá fuese bueno para su salud
¿Donde iría nuestra imaginación sin ese orondo vientre?
¿Sin ese cabello de león abrillantado?
¿Sin esos tirantes escandalósamente anchos?
¿Sin sus pasos de patriarca sereno reinando por las calles de su barrio?
Estas son las ideas que hacen pórtico a su sueño.
Dejemos dormir a Palamedes Sousa
y vayamos nosotros también a la “petit mort”
del descaso que nos espera.
miércoles, 9 de mayo de 2012
PALABRAS AL VIENTO
Tengo ganas de escribir, algo me empuja desde dentro pero no tengo pajolera idea de lo que pueda ser.
Quizá moviendo los dedos, rectificando errores y buscando una prosodia musical ayude a salir
lo que me hincha el pecho, lo que me aprieta. Creo que estoy rompiendo aguas.
Si es un alarde, lo expondré como juvenilmente hacíamos tonterías para asombrar a nuestros amigos. Será un alarde y quedará como anécdota.
¿Pero si es nada, si es una banalidad?. ¿En qué quedará ese mi deseo, que no sé si es mío, de explicarme?
Para ser digno de lo que siento regué mi cuerpo con agua caliente, peiné mi cabello, afeité mi cara
y perfumé mis axilas. Me siento limpio pero las ideas siguen molestándome sin revelarse, miro en un espejo
y es de las pocas veces que no me doy miedo. Tengo una tarea y estoy preparado.
Quiero elevarme, sin ponerme profético, sobre la inmundicia del horrible programa
de vivir casi sin tiempo, sin espacios abiertos, sin buen rollo con nuestros cuerpos.
Bla, bla, bla ... Palabras que se las lleva el viento. ¿A donde irá a parar todo esto?.
A pesar de ir escribiendo con toda libertad exponiéndome al ridículo siento todavía atenazada mi garganta.
Estoy a punto, algo sube a la superficie, está cerca, casi podré declarar que la tengo ya atrapada
la idea que estaba escondida en mi pecho: Es una idea universal, vieja y gastada. No me pertenece.
Tan solo me ha utilizado para ser su mensajero. Ya la tengo, ya disfruto, ya grito paradójicamente contento
y proclamo la la gran verdad necesaria en estos tiempos: Piedad y si no compredéis esa palabra preguntadle a Miguel Ángel,
Mi pecho es un vientre abierto y satisfecho. Ha sido un esforzado un parto.
Tengo ganas de escribir, algo me empuja desde dentro pero no tengo pajolera idea de lo que pueda ser.
Quizá moviendo los dedos, rectificando errores y buscando una prosodia musical ayude a salir
lo que me hincha el pecho, lo que me aprieta. Creo que estoy rompiendo aguas.
Si es un alarde, lo expondré como juvenilmente hacíamos tonterías para asombrar a nuestros amigos. Será un alarde y quedará como anécdota.
¿Pero si es nada, si es una banalidad?. ¿En qué quedará ese mi deseo, que no sé si es mío, de explicarme?
Para ser digno de lo que siento regué mi cuerpo con agua caliente, peiné mi cabello, afeité mi cara
y perfumé mis axilas. Me siento limpio pero las ideas siguen molestándome sin revelarse, miro en un espejo
y es de las pocas veces que no me doy miedo. Tengo una tarea y estoy preparado.
Quiero elevarme, sin ponerme profético, sobre la inmundicia del horrible programa
de vivir casi sin tiempo, sin espacios abiertos, sin buen rollo con nuestros cuerpos.
Bla, bla, bla ... Palabras que se las lleva el viento. ¿A donde irá a parar todo esto?.
A pesar de ir escribiendo con toda libertad exponiéndome al ridículo siento todavía atenazada mi garganta.
Estoy a punto, algo sube a la superficie, está cerca, casi podré declarar que la tengo ya atrapada
la idea que estaba escondida en mi pecho: Es una idea universal, vieja y gastada. No me pertenece.
Tan solo me ha utilizado para ser su mensajero. Ya la tengo, ya disfruto, ya grito paradójicamente contento
y proclamo la la gran verdad necesaria en estos tiempos: Piedad y si no compredéis esa palabra preguntadle a Miguel Ángel,
Mi pecho es un vientre abierto y satisfecho. Ha sido un esforzado un parto.
OLAS Y HAMBRE
Resulta curioso que a medida que nos vamos acercando a la muerte, que es una manera muy fea de hablar del envejecimiento, en vez de irnos aproximando unos a otros, nos aferramos a nuestra propia personalidad y exigimos un trato reverente a nuestra manera de ser. "Que si no hablo por teléfono de esas cosas", " Que ya nos veremos", "Que sin importame digo ¿Como estás?", "Haremos esto y lo otro (Sin considerar lo que haremos sin ti)", "¿Qué me dices, no te entiendo?, "Ah ¿Sí? ¿Tanto hace que no hemos hablado?", "Haz esto y aquello. Contamos contigo, campeón", y la peor de las preguntas: "¿Como te va?".
Pensaba que iba contigo, que lo sabías casi todo de mí porque somos náufragos de la vida y porque daría mi carne para que supervivieras.
Mis quejas son románticas porque ponen al hombre en tu centro, que es el mío, pero me temo que el humanismo haya periclitado.
Resulta curioso que a medida que nos vamos acercando a la muerte, que es una manera muy fea de hablar del envejecimiento, en vez de irnos aproximando unos a otros, nos aferramos a nuestra propia personalidad y exigimos un trato reverente a nuestra manera de ser. "Que si no hablo por teléfono de esas cosas", " Que ya nos veremos", "Que sin importame digo ¿Como estás?", "Haremos esto y lo otro (Sin considerar lo que haremos sin ti)", "¿Qué me dices, no te entiendo?, "Ah ¿Sí? ¿Tanto hace que no hemos hablado?", "Haz esto y aquello. Contamos contigo, campeón", y la peor de las preguntas: "¿Como te va?".
Pensaba que iba contigo, que lo sabías casi todo de mí porque somos náufragos de la vida y porque daría mi carne para que supervivieras.
Mis quejas son románticas porque ponen al hombre en tu centro, que es el mío, pero me temo que el humanismo haya periclitado.
lunes, 7 de mayo de 2012
PALAMEDES SOUSA LEE LA PRENSA VICTORIANA
(Antecedentes que no conoce Palamedes Sousa)
En la cueva hacía frío y en una de sus paredes ciertas frases, escritas quizá con piedras, con estilo cuneiforme, atrajeron la mirada del explorador. La luz de la antocha de su sirviente oscilaba con el aire cada vez más violento y al cabo se cansó de mirarlas. Nada entendía y la antorcha se apagó.
Flaterly Junior había mirado los signos con una copa de sherry en la mano mientras las frases se callaban esperando nuevos siglos hasta que la luz volviese.
Al no entender lo que señalaban aquellos signos no vió que tres-catorce-diecises ya había sido formulado cinco mil años antes del reinado del rey Jorge y sin abandonar su conciencia de pertenecer a su clase social, o precisamente por ello mismo, despreció lo que no entiendía. Sin siquiera con un mohín de disconformidad dió sus espaldas a las rocas que le gritaban una verdad que le haría inmortal si supiera verla y abandonó la tarea. Sus trabajadores comprendieron su desinterés y se dispersaron en busca de sus familias antes de que estallese la tormenta.
Rugìó el polvo en densísimas nubes ocres sobre las tiendas militares de grueso tejido sudanés y el hijo de los Flaterly se estiró en su cama mientras diseñaba en duermevela un campo de criket para enseñar tan delicado juego a los indígenas.
En aquella cueva cercana los murciélagos se despertaron agitados por el viento sucio que les azotaba pero se quedaron quietos pués la Luna todavía no se había presentado.
Tanta era la fuerza del viento que la copa y la botella, dentro de la tienda, se llenaban de arena así como la boca del teniencillo que roncaba temerariamente con la boca abierta dejando tras de sí su historia.
(Palamedes Sousa abre un períódico que ha comprado en el Rastro)
THE EVENING STANDARD - 19, July, 1932
"El teniente de su Majestad, Sir John Flaterly de los Flaterly de Shinian, doudécima generación desde Ricardo, de la quinta brigada de los Leones de Dalmacia, ha comunicado por correo a nuestro corresponsal en El Cairo que ha sido encontrado el cadáver de su hermano menor, teniente de nuestra Reina en unas remotas montañas que todavía no han sido cartografiadas por nuestro honorable ejército. No se han producido bajas. Sir Flaterly comenta que la actitud del cadaver era serena como corresponde a la dignidad de un coracero de su Majestad. A los piés de su lecho, sigue informando su abatido hermano, había una tablilla de pizarra donde aparece la siguiente frase que este periódico considera sumamente enigmática: "Ellos ya lo sabían, lo sabían". Seguiremos informando
(Antecedentes que no conoce Palamedes Sousa)
En la cueva hacía frío y en una de sus paredes ciertas frases, escritas quizá con piedras, con estilo cuneiforme, atrajeron la mirada del explorador. La luz de la antocha de su sirviente oscilaba con el aire cada vez más violento y al cabo se cansó de mirarlas. Nada entendía y la antorcha se apagó.
Flaterly Junior había mirado los signos con una copa de sherry en la mano mientras las frases se callaban esperando nuevos siglos hasta que la luz volviese.
Al no entender lo que señalaban aquellos signos no vió que tres-catorce-diecises ya había sido formulado cinco mil años antes del reinado del rey Jorge y sin abandonar su conciencia de pertenecer a su clase social, o precisamente por ello mismo, despreció lo que no entiendía. Sin siquiera con un mohín de disconformidad dió sus espaldas a las rocas que le gritaban una verdad que le haría inmortal si supiera verla y abandonó la tarea. Sus trabajadores comprendieron su desinterés y se dispersaron en busca de sus familias antes de que estallese la tormenta.
Rugìó el polvo en densísimas nubes ocres sobre las tiendas militares de grueso tejido sudanés y el hijo de los Flaterly se estiró en su cama mientras diseñaba en duermevela un campo de criket para enseñar tan delicado juego a los indígenas.
En aquella cueva cercana los murciélagos se despertaron agitados por el viento sucio que les azotaba pero se quedaron quietos pués la Luna todavía no se había presentado.
Tanta era la fuerza del viento que la copa y la botella, dentro de la tienda, se llenaban de arena así como la boca del teniencillo que roncaba temerariamente con la boca abierta dejando tras de sí su historia.
(Palamedes Sousa abre un períódico que ha comprado en el Rastro)
THE EVENING STANDARD - 19, July, 1932
"El teniente de su Majestad, Sir John Flaterly de los Flaterly de Shinian, doudécima generación desde Ricardo, de la quinta brigada de los Leones de Dalmacia, ha comunicado por correo a nuestro corresponsal en El Cairo que ha sido encontrado el cadáver de su hermano menor, teniente de nuestra Reina en unas remotas montañas que todavía no han sido cartografiadas por nuestro honorable ejército. No se han producido bajas. Sir Flaterly comenta que la actitud del cadaver era serena como corresponde a la dignidad de un coracero de su Majestad. A los piés de su lecho, sigue informando su abatido hermano, había una tablilla de pizarra donde aparece la siguiente frase que este periódico considera sumamente enigmática: "Ellos ya lo sabían, lo sabían". Seguiremos informando
miércoles, 2 de mayo de 2012
EL GRITO
Vi el mar, miré para otro lado y no le dije nada.
Vi la Luna, me quedé en silencio y no le dje nada.
Vi un árbol, pasé a su lado y no le dije nada.
Vi una niña llorando y no le dije nada.
Vi un mendigo que extendía su mano y no le dije nada.
Vi a un amigo humillando a otro mío y no le dije nada.
Vi a mi hijo crecer y no le dije nada.
Vi a mi doctor y no le dije nada.
Vi un perro abandonado y no le dije nada.
Vi un mensaje de mi amigo y no le dije nada.
Vi una gaviota comiendo una paloma y no le dije nada.
Vi a mi colega de trabajo lamiendo el culo a nuestro jefe y no le dije nada.
Vi una mujer borracha desesperada y no le dije nada.
Vi un hombre pegar a su hijo y no le dije nada.
Vi un policia escupir en el suelo y no le dije nada.
Vi a un pequeño empresario haciendo dinero negro y no le dije nada.
Vi un joven pidiendo en la calle y no le dije nada.
Vi el cadáver de mi madre y no le dije nada.
Vi un ladrón robando a un turista y no le dije nada.
Vi gritar a un tipo insultos contra las mujeres y no le dije nada.
Vi una anciana que no se atrevía a pasar la calle y no le dije nada.
Vi un camarero cansado que me puso un café a las once de la noche y no le dije nada.
Vi un coche que casi me atropella y al conductor no le dije nada.
Vi que mi periódico preferido decía sandeces y no le dije nada.
Vi una bandera y tras ella fuí gritando.
Vi el mar, miré para otro lado y no le dije nada.
Vi la Luna, me quedé en silencio y no le dje nada.
Vi un árbol, pasé a su lado y no le dije nada.
Vi una niña llorando y no le dije nada.
Vi un mendigo que extendía su mano y no le dije nada.
Vi a un amigo humillando a otro mío y no le dije nada.
Vi a mi hijo crecer y no le dije nada.
Vi a mi doctor y no le dije nada.
Vi un perro abandonado y no le dije nada.
Vi un mensaje de mi amigo y no le dije nada.
Vi una gaviota comiendo una paloma y no le dije nada.
Vi a mi colega de trabajo lamiendo el culo a nuestro jefe y no le dije nada.
Vi una mujer borracha desesperada y no le dije nada.
Vi un hombre pegar a su hijo y no le dije nada.
Vi un policia escupir en el suelo y no le dije nada.
Vi a un pequeño empresario haciendo dinero negro y no le dije nada.
Vi un joven pidiendo en la calle y no le dije nada.
Vi el cadáver de mi madre y no le dije nada.
Vi un ladrón robando a un turista y no le dije nada.
Vi gritar a un tipo insultos contra las mujeres y no le dije nada.
Vi una anciana que no se atrevía a pasar la calle y no le dije nada.
Vi un camarero cansado que me puso un café a las once de la noche y no le dije nada.
Vi un coche que casi me atropella y al conductor no le dije nada.
Vi que mi periódico preferido decía sandeces y no le dije nada.
Vi una bandera y tras ella fuí gritando.
sábado, 28 de abril de 2012
Duc
Duc
POETA ENSIMISMADO
Aquel poeta se iluminaba a si mismo,
poniendo sus manos en actitud oferente
y esperaba recibir la inspiración,
al modo telúrico,
de un volcan que digiere su magma
por el tracto que le hará refulgir
y espantar a una comarca, a un país entero
y hacerle famoso.
El poeta era tan exigente con su estética
que lanzaba al olvido versos
que otros poetas hubieran recogido
y caían estos y aquellos por las laderas del olvido,
convertidos en frias y grises piedras
que le dificultaban el camino.
El poeta sabía lo que no debía escribir
y de tanto saber se iba olvidando
de los que esperaban sus versos.
Buscándose a si mismo
se olvidaba de los demás.
El poeta no era Narciso,
se llamaba como yo,
pero tanto era su deseo de perfeccción
que se quedó encantado de su propio silencio
y ni un verso valeroso produjo su ensimismamiento.
Once varas de tela
no son suficientes para un verso
si no entra en un pecho.
Duc
POETA ENSIMISMADO
Aquel poeta se iluminaba a si mismo,
poniendo sus manos en actitud oferente
y esperaba recibir la inspiración,
al modo telúrico,
de un volcan que digiere su magma
por el tracto que le hará refulgir
y espantar a una comarca, a un país entero
y hacerle famoso.
El poeta era tan exigente con su estética
que lanzaba al olvido versos
que otros poetas hubieran recogido
y caían estos y aquellos por las laderas del olvido,
convertidos en frias y grises piedras
que le dificultaban el camino.
El poeta sabía lo que no debía escribir
y de tanto saber se iba olvidando
de los que esperaban sus versos.
Buscándose a si mismo
se olvidaba de los demás.
El poeta no era Narciso,
se llamaba como yo,
pero tanto era su deseo de perfeccción
que se quedó encantado de su propio silencio
y ni un verso valeroso produjo su ensimismamiento.
Once varas de tela
no son suficientes para un verso
si no entra en un pecho.
viernes, 27 de abril de 2012
PALAMEDES SOUSA Y LA NUEVA BIBLIOTECA DE ALEJANDRÍA
Mientras desayunaba, Palamedes Sousa desenfundó la tableta que le había traído su sobrina de los USA, "volvemos a la pizarra" pensó Palamedes Sousa cuando su sobrina le presentó el regalo y sus utilidades. Abrió en la tableta la portada de su periódico preferido y leyó sorprendido: "A causa de los resultados de las elecciones presidenciales en Francia dimite el jefe de gobierno de España". Se le cayeron unas gotas de café en la pantalla que procedió a ensuciarla con la servilleta que había usado para limpiarse los dedos del pringue del croissant. Resolvió el problema con papel de cocina húmedo y cuidadosamente con un dedo muy limpio tocó la pantalla sobre el icono del editorial que anunciaba: "Del árbol caido, todos harán leña". El periódico era muy conservador claro pero, tendencias aparte, lo que atrajo la atención de nuestro amigo fue la frase del título.
De edad provecta como era, a Palamedes Sousa se le dió por imaginarse que era un árbol, un árbol ya viejo que pronto yacería horizontalmente, al modo de los árboles, en terreno más frio que la salita en la que estaba disfrutando de su desayuno y anestesiando esos lúgrubes pensamientos se preguntó: "¿De donde viene esa frase". La tableta pareció detectar su inquietud mental y un diálogo se abrió: "¿En que estás pensando?", presentándole seductoramente un teclado táctil. Fue cuando Palamedes Sousa tecleó con un dedo, muy cuidadosamente, ARBOL CAIDA LEÑA. Nunca lo hubiera hecho.
Mister Google ásumió la duda y le presentó 134.374 resultados. Entre los primeros estaban una web cristiana de arrepentidos, otra de un erasmus enseñando locuciones españolas a foráneos, la tercera un corrido de Los Tigres del Norte - México -, la cuarta un reportaje de El País sobre la dimisión de Guardiola y la quinta ... una entrada al Refranero Multilingüe del Instituto Cervantes. Ya sabéis cual eligió.
A Palamedes Sousa le entró un frenesí ante tanta riqueza filológica y todavía está despierto mirando los centenares de acepciones que tiene la paremia que se le ocurrió escribir en la pantalla. Las hay en trece idiomas, todas con sus referencias literarias.
Creo que esta noche nuestro amigo Palamedes Sousa va a dormir bien poco pero lo que duerma estará coronado por una sonrisa.
Mientras desayunaba, Palamedes Sousa desenfundó la tableta que le había traído su sobrina de los USA, "volvemos a la pizarra" pensó Palamedes Sousa cuando su sobrina le presentó el regalo y sus utilidades. Abrió en la tableta la portada de su periódico preferido y leyó sorprendido: "A causa de los resultados de las elecciones presidenciales en Francia dimite el jefe de gobierno de España". Se le cayeron unas gotas de café en la pantalla que procedió a ensuciarla con la servilleta que había usado para limpiarse los dedos del pringue del croissant. Resolvió el problema con papel de cocina húmedo y cuidadosamente con un dedo muy limpio tocó la pantalla sobre el icono del editorial que anunciaba: "Del árbol caido, todos harán leña". El periódico era muy conservador claro pero, tendencias aparte, lo que atrajo la atención de nuestro amigo fue la frase del título.
De edad provecta como era, a Palamedes Sousa se le dió por imaginarse que era un árbol, un árbol ya viejo que pronto yacería horizontalmente, al modo de los árboles, en terreno más frio que la salita en la que estaba disfrutando de su desayuno y anestesiando esos lúgrubes pensamientos se preguntó: "¿De donde viene esa frase". La tableta pareció detectar su inquietud mental y un diálogo se abrió: "¿En que estás pensando?", presentándole seductoramente un teclado táctil. Fue cuando Palamedes Sousa tecleó con un dedo, muy cuidadosamente, ARBOL CAIDA LEÑA. Nunca lo hubiera hecho.
Mister Google ásumió la duda y le presentó 134.374 resultados. Entre los primeros estaban una web cristiana de arrepentidos, otra de un erasmus enseñando locuciones españolas a foráneos, la tercera un corrido de Los Tigres del Norte - México -, la cuarta un reportaje de El País sobre la dimisión de Guardiola y la quinta ... una entrada al Refranero Multilingüe del Instituto Cervantes. Ya sabéis cual eligió.
A Palamedes Sousa le entró un frenesí ante tanta riqueza filológica y todavía está despierto mirando los centenares de acepciones que tiene la paremia que se le ocurrió escribir en la pantalla. Las hay en trece idiomas, todas con sus referencias literarias.
Creo que esta noche nuestro amigo Palamedes Sousa va a dormir bien poco pero lo que duerma estará coronado por una sonrisa.
jueves, 26 de abril de 2012
TIRANOS DEL SIGLO XXI
Consiguieron hacernos caminar cabizbajos
marcándonos el monótono paso sincopado de "Metrópolis",
convenciéndonos de que una desgracia inexorable
bloqueaba nuestros proyectos cívicos.
¿El ruido de nuestros pasos obedientes
no os recuerda el de otros cerca del matadero?
Se excitan sexualmente con el sufrimiento
de las masas que no tienen oportunidad
de abrazarse en momentos de placer
y su afrodisíaco son nuestras lágrimas.
Nada garantiza que podamos derrotarles
ya que su poder es ilimitado.
Solo nos queda la certeza de que
entre ellos comenzarán a devorarse.
Humillados, hundidos, derrotados
debemos prestar atención
al momento inevitable que su codicia
les lleve a destruirse entre si.
Será el momento en que
los pocos dientes que nos queden
muerdan la carne de los tiranos
pués el sufrimiento nos ha hecho fuertes.
Volverá a comenzar todo desde abajo
y será una fiesta del pueblo
pero debemos tener todo por escrito
para no olvidar, no tanto a los tiranos,
sino nuestros propios desaciertos.
Consiguieron hacernos caminar cabizbajos
marcándonos el monótono paso sincopado de "Metrópolis",
convenciéndonos de que una desgracia inexorable
bloqueaba nuestros proyectos cívicos.
¿El ruido de nuestros pasos obedientes
no os recuerda el de otros cerca del matadero?
Se excitan sexualmente con el sufrimiento
de las masas que no tienen oportunidad
de abrazarse en momentos de placer
y su afrodisíaco son nuestras lágrimas.
Nada garantiza que podamos derrotarles
ya que su poder es ilimitado.
Solo nos queda la certeza de que
entre ellos comenzarán a devorarse.
Humillados, hundidos, derrotados
debemos prestar atención
al momento inevitable que su codicia
les lleve a destruirse entre si.
Será el momento en que
los pocos dientes que nos queden
muerdan la carne de los tiranos
pués el sufrimiento nos ha hecho fuertes.
Volverá a comenzar todo desde abajo
y será una fiesta del pueblo
pero debemos tener todo por escrito
para no olvidar, no tanto a los tiranos,
sino nuestros propios desaciertos.
jueves, 12 de abril de 2012
IRLANDA
"Se me hace muy raro que los periódicos
de hoy nada digan de mi amor por ti" ( Guillermo Urbizo).
Quisiera saber si todo lo que me rodea me pertenece,
si la felicidad que he sentido fue tan solo una ilusión,
tan solo el fruto de un instante sensible
o una aptitud de atención innata.
Fue curioso estar contigo
mientras me encontraba
conmigo mismo, saliendo de dos fuentes
el hombre joven y el viejo,
bajo tu mirada inocente
que intentaba comprender
la gran distancia que nos separaba.
Tu risa, tu alegría, escampaba las tormentas
de discusiones vanas y yo viejo como soy
me sentía tan joven como hace veintidos años
cuando estuve por aquí.
Te llamaría con los dulces nombres
que abundan en Irlanda:
Tara, Moher, Aran, Kenmare...
para tener siempre presente
mi pasado dentro de ti.
"Se me hace muy raro que los periódicos
de hoy nada digan de mi amor por ti" ( Guillermo Urbizo).
Quisiera saber si todo lo que me rodea me pertenece,
si la felicidad que he sentido fue tan solo una ilusión,
tan solo el fruto de un instante sensible
o una aptitud de atención innata.
Fue curioso estar contigo
mientras me encontraba
conmigo mismo, saliendo de dos fuentes
el hombre joven y el viejo,
bajo tu mirada inocente
que intentaba comprender
la gran distancia que nos separaba.
Tu risa, tu alegría, escampaba las tormentas
de discusiones vanas y yo viejo como soy
me sentía tan joven como hace veintidos años
cuando estuve por aquí.
Te llamaría con los dulces nombres
que abundan en Irlanda:
Tara, Moher, Aran, Kenmare...
para tener siempre presente
mi pasado dentro de ti.
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