jueves, 1 de diciembre de 2011

EL BRULL - 1979

Otoño se apagaba como es costumbre
y fuimos a veros entre hojas muertas
y senderos rumorosos, lejos del murmullo
de aquella lluvia que no paraba de caer
sobre aquella tierra Occidental;
ninguno de los dos deseaba
ser acogido en ella definitivamente.

Allí estabais entre castañas
que caían en la carretera,
entre colores más bonitos que el verde.
Allí, vosotros, nuestros amigos
de los que nos habíamos alejado,
nos recogísteis.

En un mundo tan diferente, tan azul
y contrario al gris del nuestro
al que que no conseguíamos acostumbrarnos
ni siquiera con el olor de los magnolios
que decoraban nuestra cárcel, aquella ciudad,
allí, en otro mar ¿Como decirlo sin contradecirse?,
más dulce y salado, os volvimos a encontrar.

En términos de vida no fue una ausencia larga
pero en lo tocante al sentimiento
llegó a ser insoportable la profundidad
de aquella distancia
y cuando nació Iris decidimos volver
porque supimos que para ella y nosotros
era imprescindible vuestra proximidad.

Por eso aquella noche en el Brull
puse mi cabeza en tu regazo
mientras oía charlar a los amigos
y las olas de tu vientre,
interpretando una calma infinita,
me enseñaron una música
que todavía perdura en mi conciencia.

Volviendo, acertamos.

martes, 29 de noviembre de 2011

CACERÍA

Es la hora de la noche cuando toda la floresta se agita con rumores de los ratoncitos escondiéndose al oír la batida de las alas del Duc que está volando con las garras de sus versos bien abiertas.

En el bosque se sabe que ese búho viejo siempre falla en sus vuelos y acaba desplumándose, por ejemplo, contra una encina a la sombra de una luna indiferente pero todos hacían la comedia de esconderse en sus cavernas como si en ello les fuese la vida.

“Eso de escaparnos corriendo hacia la cueva lo hacemos para que no se sienta ofendido”, le dice un ratón viejo a su nieto y prosigue, “No te la vas a creer pero se alimenta de los frutos de un árbol”.

El Duc volvió a su rama mientras la luna seguía mirando para otro lado y se despachó un madroño con suma delicia.
COMER ANTES DE LOS DIECISEIS AÑOS

Tengo hambre y nada me apetece,
ni siquiera tengo sed de agua
ni de vino lo cual es más raro.

Imagino alimentos que me
estimulen las glándulas salivares
y no acierto con ninguno.

A todo lo que imagino que me gustaría
le falta el escenario de los primeros
tiempos:

La asquerosa merluza en salsa verde
del comedor del cuartel de mi padre
y sus gritos por no comérmela.

El bacalao con garbanzos
que comíamos casi cada tres días
en la cocina de Santa Cecília.

Las empanadas de anguilas
en el comedor de mi abuela en el Inferniño,
me espantaban pues las había visto vivas.

El caldo gallego con las orejas
de un cerdo que había tenido nombre
en casa de mi madrina en Fajardo, me hacía sentir culpable.

Los callos llenando con su olor
toda la casa, se presentaban a la mesa de Coruña.
Los había olido toda la tarde y no podía más.

Los babosos mejillones cogidos por mi padrino
en el puente de la ría de Neda
me hacían vomitar.

Los pollos que en un caldero con agua caliente
mi tío desplumaba en Doniños
me quitaban el apetito para la cena de Navidad.

Y tantos otros alimentos
que no me gustaban pero
más tarde probé, solo y con dieciséis años...
la inolvidable ensaladilla rusa
del bar de la calle de la catedral
de Valladolid, el sabor de la libertad.
LO REAL

Sé que hay algo ahí fuera,
algo que nos afecta
y que no comprendemos,
perceptible por algún sentido
que no es ninguno de los cinco
con los que la naturaleza
nos ha dotado.

Hay algo que nos ignora,
que tiene la crueldad como divisa,
cuya característica es ignorarnos.

Levanto mi voz en la Nada
y declaro mi fin como humano
que vive y contempla
las formas del Universo
y, si tengo que morir,
moriré arrobado
por todo lo que está
fuera del alcance
de mi intelecto y que mi intuición sospecha:

Todo lo que ocurre es necesario
para que el Universo tenga sentido.
SOLILOQUIO SIN LA MUSA

Tiene sentido mi enfado
al saber que repasas mis versos
con displicencia cortesana,
incapaz de emocionarte,
pues desde el primero hasta el último
los escribí para ti y tan solo dices:
Sigue trabajando.

Cuando cazo una idea pura, escurridiza,
limpia, inocente, bella ,
soy tan primitivo como aquellos
que llevaban el corzo muerto
a la puerta de la caverna.

Si mis versos dieran pié
a largas conversaciones
los cocinaríamos a fuego suave
gozando de su posible gracia,
apagando con nuestras risas
las lámparas del alba y el ocaso.

No tiene sentido mi enfado,
ya no estás a mi lado.
CALLEJEANDO CON ARISTÓTELES

¿Cuando el mundo comenzó a interesarse en mí?
Cuando hacías siempre lo que querías.

¿Cuando descubrió que era una amenaza?
Cuando supo que tu risa era contagiosa.

¿Cuando los placeres de vivir fueron derogados?
Cuando percibiste el presente, el futuro y el pasado.

¿Cuando perdí la inocencia?
Cuando obedeciste la primera orden.

¿Cuando apareció la culpa desbaratándolo todo?
Cuando comenzaste a ejercitar la memoria.

¿Cuando entró la infelicidad en mí?
Cuando quisiste ser otro en vez de tu mismo

¿Cuando se acabará todo esto?
Cuando dejes de pasear.
PASEO

Salgo de mi y siento el aire
que limpia las miasmas que llevo
y me dice tu olor que has pasado cerca.

Percibo el remolino de tu existencia
y me dedico a buscar aquella calle,
para recordarte.

Vuelvo al portal de tu casa,
¡que dulce tormento!,
donde todavía flotan
los besos que nos dimos,
para dejarte en el buzón
estos versos anónimos
escritos mientras paseaba
y que ni siquiera sabrás
quién te los entrega,
o acaso sí, lo adivinas
y te apetece bajar al portal
con ellos en tus manos.
JACA

El día aquel fue necesario
que todos lo hubiéramos vivido.

Una romería de entusiasmo,
un goce gigantesco de amistad ,
pletórico de inocencia curiosa
que caminaba por sendas eróticas
de mirtos, espinos
y nubes de tormenta en lo alto.

Por la noche las polillas
nos imitaban copulando
mientras nosotros
íbamos creciendo.
CAZA NOCTURNA

El Duc no sabe dormir durante la noche,
escenario esférico, craneal,
saturado de fantasmas
que tropiezan entre ellos
como actores noveles
en el cabaret de la vida.

El Duc mira, gira el cuello,
calculando el ataque silencioso
que llevará a cabo
si algún pensamiento se manifiesta.

En su rama, la oscuridad es perfecta.

El Duc se ha decidido
y vuela silenciosamente hacia la idea,
alimento de las noches solitarias que le esperan.

El aire pesaba tanto como el silencio,
la oscuridad no tenía lazarillo
para su ciego vuelo de ortografía arabesca.

Un ratoncillo asustado
en forma de idea,
casi sin lamentarlo,
le entregó finalmente su futuro
con el que pretende alimentarse
muchas noches después de ésta.

En su rama, la oscuridad seguía siendo perfecta.
MADRID ERA UNA FIESTA

En un día tan significado como hoy
en el que has dado un capotazo saleroso
al toro que nos persigue desde que nacemos,
te tomamos como ejemplo torero en tu gracia, en tu arte innato,
en tu estilo castizo y garbo torero.

Citar, mandar y largar. Esa es la elemental filosofía
del toreo de la vida que tú dominas.

Puesto a echarte al albero una flor,
celebrando tu paseo sobre la muerte
te arrojo esta, de una purísima poesía:

(Giacomo Leopardi. Siete versos de su canto 24 )

"Todo pecho se alegra.
¿Cuándo tan dulce y grata
es como ahora la vida?.
Con tanto amor, el hombre,
¿cuándo se da a su estudio,
torna al trabajo, o nueva cosa emprende?
¿Cuándo se acuerda menos de sus males?"

¡Salud, MAESTRO!